martes, 16 de septiembre de 2014

Prochoise vs Prolife, round 10000000

Che que onda que otra vez andamos con el revuelto de la guerra no tan fría de provida vs prochoise?
Anoche justo estaba pensando en eso hablando con una amiga, sobre la postura prochoise o provida...
la dos son una reverenda mierda. Así como leen, queridos amigos provida, queridos amigos prochoise y resto que esta flotando en el limbo gris del chupahuevismo crónico.
No me considero provida, el título que exige que aparte de estar en contra del aborto, seas fanático religioso, homofóbico, clasicista, xenofóbico, que te levantes temprano el domingo para ir a misa, y señalar cualquier relación amorosa o decisión de vida sexual como pecado y pensar que con llevar una cruz en el cuello te hace buena persona, aunque el 90% de tus acciones sean en contra de tu prójimo (Jesus debe estar dandose la cabeza contra las puertas del cielo en una parodia celestial de un gran facepalm)
Tampoco me considero prochoise... esta bien, si digo que soy bisexual me aplauden, pero en cuanto digo: soy mamá, me miran con una cara como si les hubiese refregado un pañal sucio en la nariz. Al parecer, para ser mujer prochoise debo ser lesbiana, peluda (literalmente) y alabar cuando me viene el periodo negándome a usar los apósitos higiénicos necesarios para no terminar haciendo un escenario digno de alguna peli de gore. Debo aborrecer a los niños, y si por esas casualidades quedo embarazada, correr a la clínica más cercana a que me quiten ese "cúmulo de células" .... a si, no olvidemos que no puedo siquiera creer en algo sobrenatural (ya sea Dios, angeles, Buda, Osiris, etc) y debo repudiar violentamente el cristianismo errmm paso.. demasiadas limitaciones para "pro elección"
Quisiera saber como se llama la postura media, quiero decir, creo en Dios, soy bisexual, y si bien estoy en contra del aborto, estoy completamente a favor de una educación sexual sin tapujos, de un sistema sanitario completo que incluya no solo enseñar, sino AYUDAR, desde enseñar todos los métodos anticonceptivos, apoyo no solo a la autoestima, sino también a las decisiones própias, de cada mujer. Insisto y esto nadie me lo va a sacar de la cabeza, que la mentalidad de latinoamerica, como la de cualquier pais retrasado como este , no esta preparada para el concepto de "aborto" sin que se tome como un método de anti concepción, si perfecto, el cuerpo de la mujer es sagrado, y pertenece sola y exclusivamente a ella, hay que ser muy animal para afirmar que una mujer se embaraza para abortar, o que algunas "disfrutan" de ello, pero seamos realistas, todos alguna vez escuchamos a alguna decir: si quedo, me lo saco.
Es así, queridas amigas prochoise, se que no todas piensan eso, se que ustedes abogan por algo más allá de eso, pero esa mentalidad es la de muchas personas. Por eso estoy en contra del aborto. Si no se enseña el concepto básico de la educación sexual, no podemos pretender que aprendan algo tan delicado como lo es este proceso.
"La que no lo hace por la legal, buscará la forma ilegal" y si, como todo en la vida, hecha la ley, hecha la trampa, y vuelvo a repetir, si no enseñamos desde entrada, lo que es el sexo, los métodos anticonceptivos y lo que implica ser madre.
Y hablando de ser madre, aqui toco a mis quisquillosos amigos prolife, ¿en serio? quiero decir, que alguien me explique cual es la razón de pelear contra el aborto, si luego van a estar condenando a la pobre chica de quince años que decidió tener a la criatura. Se que esto de la religión es confuso, pero, ¿podría alguien explicarme por que son tan inconformistas? si aborta, es asesina, si lo tiene, es una puta, si es violada, ella tiene la culpa por callarse, si denuncia, exagera,si se embaraza "quiere enganchar al tipo"...si no quiere pareja, es una fan de la pija, si es lesbiana , es una aberración, si no siente atracción por nadie, una frígida... quiero decir, me parece que estas personas vienen cargando con un resentimiento castrador milenario...
En fin, ni prochoise, ni proelección, estan todos del reverendo mate.

jueves, 28 de agosto de 2014

Capítulo 1: Curiosa Reunión Nocturna

Las noches de otoño en su región siempre habían sido cálidas... con pocas lluvias lo que permitía disfrutar de un hermoso cielo despejado, adornado con las estrellas y la magnifica luna, que como a ciento de miles desde el principio de los tiempos, inspiraba a versos, sonatas, canciones, poemas, aventuras y romances...
Y ahí estaba él, tan singular como él solo, trepado en lo alto del árbol, uno de los tantos de la mansión Lawrence, donde se hospedaba hasta terminar sus estudios.
Alexis era extraño, sin duda... a pesar de la poca luz que tenía a esas altas horas de la noche, veía perfectamente cada letra que plasmaba en su libreta. Sus ojos alargados tienen una sensual mirada felina color avellana, aunque siempre esta fija en el papel donde va plasmando sus ideas, que brotan de a montones de su cabeza,tanto que.. escribir para Alexis, se vuelve una necesidad , una vía de escape, el respiro de aire puro para sus pensamientos.....
Aunque fuesen las tres de la mañana, de una noche de otoño, con un farol del parque de la mansión como única fuente de luz, para el joven, no había nada más relajante y revitalizante que aquello...

Adrián le miraba desde la ventana, preocupado, la madre del chico y su mejor amiga, le había comentado que Alexis era un niño particular... introvertido, quisquilloso cuando algo no e agradaba, antisocial y desconfiado, pero con inusual talento para la literatura. Siempre se lo veía con la mochila llena de cuadernos, algunos en blanco, otros escritos de principio a fin, que luego se iban apilando en su cuarto.
No veían forma de sacarlo de ese mundo de ensueños que tejía con sus propios escritos, de ese mutismo reservado que creaba una esfera casi tangible que lo separaba del mundo.... Pero Adrían, lejos de asustarse, se preocupaba, porque quería al chiquillo, porque en el fondo sabía que esas paredes invisibles, no eran más que un grito mudo de auxilio...

Ni el, ni el mismísimo Alex, sabían que, el destino tenía preparado ya, un encuentro especial... que se daría bajo circunstancias insospechadas, pero en el fondo, como dos almas que se atraen, se llaman, se buscan, se necesitan....

Los días pasaban tranquilos, mientras el muchacho iba a sus clases universitarias, y a la noche, se trepaba al mismo árbol a escribir.
Pero una noche, quiso salir de la rutina y luego de cenar, prefirió dar una vuelta por los alrededores del parque que se encontraba frente a la mansión. Se paseo alrededor del lago, hasta encontrar el mirador, aquel que daba al punto más alto del parque y que, al ser día de semana, estaba completamente vacío.
Caminó por la pequeña colina, que se convirtió en una escalinata y no conforme con ello, al llegar al final de la misma, se trepó a la cupúla que había allí , pudiendo contemplar absolutamente toda la ciudad resguardada por el manto de la noche.
Extendió sus brazos, y llenó sus pulmones de aquel fresco aire nocturno , cerrando los ojos por un momento, volviéndose uno con la luz de la luna.
- ¿Linda noche, no?-

Aquella voz le sacó de su meditación, haciendo que se girase despacio, para ver quien le había hablado, pero solo pudo distinguir una silueta masculina, posándose en lo más alto y peligroso de la cúpula, haciendo gala de un perfecto sentido del equilibrio.
-Lo siento, pense... que no había nadie-
- Descuida- su acompañante se movió, de modo que bajo la luz de la luna de otoño, pudo apreciar mejor su rostro pero por sobre todas las cosas, algo en su interior se movió. No como con Gale, que sentía que podía confiar, sino algo diferente, como si esa sonrisa que traía el otro le obligara a fijar su vista en aquella persona, y el tono de su voz, no era inglés, tenía un acento extranjero y definitivamente, a pesar de no poder ver con detalle con la escasa luz, un rostro atractivo, tanto como para dejarlo sin habla por unos segundos.
- Si- Alex por fin pudo recuperar el habla, y atinó a abrasar su cuaderno - Es una hermosa noche.... -
- ¿Cómo te llamas? - el otro habló con calma y amabilidad, una que invitaba a confiar...
- A... esto.. Alexis... ¿y tu?-
Pero antes de que el otro pudiese responder, algo rompió el silencio de la noche, algo que hizo que el otro se pusiese alerta.
- Tengo que irme gatito, en la próxima te diré mi nombre, te lo prometo - acompañando esas palabras, le dedico una mirada radiante, dulce, luminosa al igual que su sonrisa, antes de dar un elegante giro y saltar a la nada, haciendo que el pobre chico saliese de su éxtasis solo para verlo como se alejaba, colina abajo hasta perderse entre las sombras de los árboles.
El chico tardó un par de minutos en volver a moverse, tomando su cuaderno y regresando a la mansión, con un marcado sonrrojo en las mejillas, y en sus pensamientos, solo podía repetir una y otra vez esa mirada, como si hubiese estado esperando toda su vida por aquello, pero ¿quién era? ¿ le volvería a ver?.... o solo había sido un sueño?...
-Lo que me faltaba... estoy volviéndome más loco cada día....- pero no pudo evitar esbozar una sonrisa, porque a diferencia de todas sus locuras anteriores, esta no lo atormentaba, sino al contrario, era como si acabase de encontrar la llave a un nuevo mundo...

viernes, 20 de junio de 2014

El Ojo de la Culpa "Despues de Tanto, queda Tanto..."

Las luces del bar se atenuaban en la notas agudas, intercalando llamativos colores y formas creadas por los reflectores. Se movían a un ritmo propio, mientras la suave, pero masculina voz exclamaba su angustia. Podía sentirse cada sentimiento flotando en el ambiente.
 "Besado por la niebla,
carente de inoscencia,
oyendo cada noche aquella agonía,
la culpa que me carcome,
me carcome cada día..."
Se relamía escuchando armoniosos alaridos, entrelazando sus dedos pálidos en su ondulado y largo cabello. Su belleza se ocultaba bajo una violácea capucha de gabardina, prestando atención a la atormentada letra.
oyendo susurros acusadores,
mi mente se debilita,
¿Cómo irá a terminar?
Debí haber sido yo
La única víctima fatal..."
Cada noche era igual. Bebía para evitar las constantes pesadillas que lo habían vuelto insomne, pero la resaca del día siguiente le martillaba el cráneo, volviendo los recuerdos aún mas tortuosos.
Sin embargo, esta noche miraba el wisky dudoso, como si su fuerza de voluntad por fin se hiciera presente.
Al llegar se encontró con una casa algo antigua, con enredaderas por doquier y una bella campana de viento formando espirales con pequeños delfines de acrílico rosa.
El llamador de bronce estaba helado pese a los primeros rayos de sol de la mañana. Bastó con una leve agitada para que el artefacto golpeara con fuerza, dejando oír un sonoro crujido. Abriose sola la puerta, como si bastase el contacto humano para abrirla.
Dentro de su mente, una heroica escena era protagonizada por él, donde su bella y encéntrica cita aguardaba por su salvador, él apaleaba a los ladrones ganándose asi el corazón de su damicela. Pero toda esa fantasía se desvaneció de inmediato reconociéndose a si mismo como ilógico. "Nunca podrías salvar el día, tonto", le insultaba su conciencia de vez en cuando.
Caminó por un pasillo "creado" con mantas de seda de diversos colores, que variaban entre el blanco, el rosa, el lavanda, el celeste, entre otros, debiendo correr con el brazo algunas para abrirse camino.
Habían dos bibliotecas llenas de libros, algunos de ellos con apariencia tan arcaica que aventurarse a declararlo de dos siglos de antigüedad no era una idea descabellada.
La decoración ciertamente era extraña, sobretodo la alfombra verde aguamarina y el techo azul con estrellas plateadas, que daban la sensación de caminar sobre el mar en medio de la noche.
Un profundo olor a vainilla lo estaba llevando al eclipse mental, cuando la aguda voz irrumpe el ambiente.
Ahora podía apreciar un jean bajo un saco de dama lila de botones plateados.
En lugar de la capucha, un amplio sombrero en composé con el saco cubrían parte de su cabeza. Parecía una muñeca de porcelana envasada con empaque equivocado.
Se sentaron en una mesa junto a la ventana principal y, con un ademán el mozo se acerca.
Durante el trayecto ninguno de los dos habló... -dudó un poco antes de proseguir, levó la vista para observar las reacciones de Elízabeth, y siguió al verla preocupada, pero calmada- En fin, cuando llegamos a las vías, la campana no sonaba y la barrera no estaba baja, por lo que crucé sin siquiera fijarme... No vi el tren... -tapando su rostro con ambas manos- No vi el tren y fuimos arrastrados doscientos metros... El tren descarriló y por mi culpa... Por mi culpa... -pese a su fuerza de voluntad, las lágrimas comenzaron a emanar una tras otra- Por mi culpa murieron veinte personas... Entre ellos el hermano de mi novia... -un nudo en la garganta le impidió seguir, pero continuó al sentir la cálida mano de Elízabeth acariciar la suya- Yo... Obviamente no quería que algo como eso sucediera... Como la barrera no funcionaba como era debido, no fui encarcelado, pero todos sabían que había sido culpa mía, por lo que mi novia me dejó de inmediato y tuve que mudarme por todo lo que la gente decía... Me buscaban los familiares de las víctimas para lincharme... Pero lo merecía, sé que lo merecía, pero por cobarde huí... Fué mi culpa...
Ojeó nuevamente la hoja cuando algo llamó su atención. Por la puerta principal, un extraño sujeto ingresó al bar. No era precisamente atractivo, pero sí llamativo. Su lacio cabello negro caía a ambos lados de su rostro hasta sus hombros, volviéndose más corto detrás de su cabeza. Era delgado, de espalda angosta y buen vestir, con su oscuro jean y campera de gabardina negra.
De repente sus profundos ojos verde agua se posaron en Thomas, descendiendo desde su rostro hasta la hoja de papel que llevaba en la mano. Casi por instinto, Thomas esconde el papel, guardándolo con disimulo en su bolsillo.
El extraño sujeto siguió de largo, Thomas secó sus ojos, aún algo húmedos, pagó y salió evitando mirar al tipo.
Siguiendo las instrucciones y riéndose al verse a sí mismo haciendo esa clase de cosas, tomó la hoja y leyó paso por paso.


 Mientras el jóven cantaba, una mirada café acompañaba cada nota, mirando fijamente aquellos finos labios que emanaban culpa por doquier.
 "Sufriendo en silencio,
Aquella última frase enarcó levemente las cejas de la oyente anónima encapuchada y, después de chasquear los dedos para sí, esperó con paciencia el final del concierto.
Todos se retiraron con pesadez después de una larga ronda de bebidas... Todos menos cierta dama de capa violeta y castaño cabello cayendo a ambos lados de su rostro.
 _ Disculpa -se acercó con ambos brazos destrás, casi con expresión inocente al cantante que recogía sus cosas del escenario- me encantó tu canción... -el jóven, de cabello castaño, apenas levantó la vista para ver quién le hablaba- Pude sentir el pesar de tu alma... Cada célula de mi cuerpo pudo captar todas tus emociones...
El chico se puso de pie frunciendo el ceño con curiosidad, su mirada color roble casi hablaba por él.
 _ ¿A qué se debe... -acercándose hasta quedar a sólo un paso de distancia con el cantante- ...tanta culpa?
El chico se puso de pie y sonrió con expresión triste. Extendiéndole la mano, respondió.
 _ Es una larga historia... Soy...
 _ Thomas, lo sé, te presentaron al comenzar el concierto -retirando su mano en una seductora deslizada- Yo soy Elízabeth -mirando su mano y carrándola rápidamente ante el desconcierto del jóven- ahora más que nunca... Quisiera oír esa larga historia...
 A Thomas le resultó una mujer demasiado extraña como para contarle sus asuntos, pero su encentricidad terminó llamando su atención.
 _ Mira... ¿Elízabeth, no? -la chica asintió sonriente- Es algo tarde, pero podría invitarte a tomar un café aqui mismo mañana ¿Te parece bien?
 _ De acuerdo -metió la mano bajo su capa y pareció sacar un papel y un extraño lápiz con forma de rama de la nada- ésta es mi dirección -escribiendo sin dificultad con la escasa luz del bar antes de extendérselo a su receptor- pasa por mi a las 9:00 am
 _ De acuerdo -leyendo "Oncative 444" en la dirección- allí estaré... ¿P-pero qué...? -al levantar la vista, la muchacha parecía haberse desvanecido- Necesito un trago... -sosteniendo su cabeza como si la situación lo hubiera sacudido mentalmente-

La noche se le hizo eterna, como todos los días desde "el incidente". Echaba su cabello ("largo" por detrás de las orejas) hacia atras, pero regresaban con rebeldía a tapar parte de su rostro.
 _ Elízabeth... -dijo sacudiendo levemente el vaso, revolviendo el contenido- Si bebo hoy no lograré despertar a tiempo para la... ¿Cita? -hace una mueca- de mañana... -vertiendo el alcohol en el baño- faltaría un plantón a una agradable chica para que mi culpa sea en definitivo aplastante -suspiró- era extraña -bebiendo agua en reemplazo del wisky- pero no lo suficiente como para mostrarle mi cara de resacado.
Se acostó casi resignado a las pesadillas, sin embargo, por primera vez en meses, su descanso sería pleno. Al despertar sólo recordaría una imagen... Al bello rostro encapuchado deseándole dulces sueños...

El optimismo antes había sido una virtud muy atractiva en Thomas, virtud que se había perdido desde que la culpa invadió su mente, per o esa mañana se sentía especialmente optimista.
 _ Emm... ¿Elízabeth? -"Nada bueno puede haber dentro de una casa que se abre sola" pensó, creyendo que se trataba de algún ladrón.
 _ Bienvenido -se oye tras él, provocándole un leve sobresalto-
 _ Y-yo... La puerta se abrió sola y yo... B-bueno... Creí que podías estar herida... -se rasca la cabeza compungido-
 _ No te preocupes -rodeándolo para tomar un juego de llaves de una mesita redonda- Sólo se abre si vienes con buenas intenciones.
 _ Ah... -desconcertado intentó ignorar aquella incongruencia para concentrarse en la vestimenta de su compañera-
 _ ¿Nos vamos? -dijo con una sonrisa y achinando los ojos amistosa, expresión que obligó a Thomas a devolver la sonrisa, envuelto en el encanto natural que rodeaba a la chica-
 _ Por supuesto -con caballerosidad caminó tras ella hasta que la jóven cerró la puerta y emprendieron la marcha hacia el bar-

El día estaba exquisitamente soleado y con las leves brisas del otoño refrescando sus rostros. Habían hecho apenas unos pasos y, considerando que faltaban unas cuatro calles para llegar al bar, el silencio se haría en extremasía incómodo, por lo que Thomas se decidió a romperlo.
 _ Me gusta tu forma de vestirte -un alago siempre sería bueno para romper el hielo-
 _ Gracias -aprovechó a mirar mejor a su compañero. Llevaba una camisa formal de gasa negra, acompañada por un jean azul marino y zapatos que no encajaban demasiado con el resto de la vestimenta- y a mi la tuya, Thomas.
 _ ¿Frecuentas el bar?
 _ Jamás lo había pisado en mi vida, pero... Creo que me has llamado de algún modo...
 _ Posiblemente... -sonrió para sí, tomando aquella frase como una indirecta-
 _ Tu canción fué algo asi como un llamado de auxilio... -miró hacia el cielo, el cuarto menguante que se observaba aún de día, combinaba con un colgante de plata que ella llevaba-
 _ ¿Auxilio? -en lugar de responder, Elízabeth sonrió a modo de afirmación, cosa que confundió aún más a Thomas- Escucha, sinceramente no entiendo nada de lo que me dices, necesito respuestas un poco más... Explícitas... -su primera cita en meses y se sintió un desgraciado al percibir el serio silencio de su compañera - Yo... Discúlpame, es que soy algo lento y no entiendo, yo... Es mi culpa...
 _ Tranquilo... -lo detuvo en la puerta del bar, mirándolo por primera vez a los ojos y suavizando la voz hasta volverla un susurro- Ya es hora de que dejes de culparte por todo...
Sin dejarlo responder ingresó al bar, dejando sin reacción a Thomas por unos segundos.
El lúgubre aspecto de la noche anterior había desaparecido. En el lugar ahora podía respirarse una atmósfera más amena.
 _ ¿Qué van a pedir? -preguntó el hombre. Thomas miró a Elízabeth indicándole que ordenara primero-
 _ Un frappuchino con mucha salsa de vainilla y crema.
Thomas enarcó las cejas impresionado.
 _ Yo quiero lo mismo -al jóven le encantaban las mujeres que no se negaban nada, y una sonrisa se dibujó en su cara de repente- Me gustan las mujeres que no se privan de un buen desayuno
 _ Me encanta la vainilla -acomodando su sombrero con simpatía. De golpe su mirada se fijó en él para cambiar de tema- por favor cuéntame ahora... Cuál es el motivo por el cual sientes tanta culpa...
Aquella pregunta le recordó qué lo había llevado a tener una cita esa mañana, oprimiéndole el pecho de repente.
 _ Mira... -titubeó un poco- Hace meses que no hablo de esto con nadie... Pero prometí contarte, asi que lo haré -la sonrisa aprobatoria de la jóven lo animó a arrancar con el relato- Hace poco más de medio año yo estaba en pareja, convivíamos incluso y me llevaba de maravillas con su familia, sobre todo con su hermano menor, de diescinueve años. Teniendo yo veinticinco al igual que su hermana, era extraño que nos lleváramos bien, pero asi era. -en ese momento el mozo interrumpe con los pedidos, Thomas fuerza una sonrisa mientras Elízabeth lo escuchaba con atención- Gracias- habiéndose ido el mozo, Thomas prosiguió- Bueno, una noche nos embriagamos juntos en mi casa, nada malo, mi novia estaba en la casa de su abuela y no era la primera vez que me quedaba con su hermano a tomar unos tragos, pero entonces... -mirando fijamente la copa con el Frappuchino- me confesó que sentía cosas por mi e intentó besarme... -hace una pausa algo dudoso- yo me ofendí mucho, me lo tomé como una falta de respeto hacia su hermana, por lo que le ofrecí llevarlo en mi auto a su casa y él, obviamente, accedió.
 _ Eso sólo tú lo sabes -Thomas levantó la vista sorprendido por la respuesta ¿Qué clase de consuelo era ese? - Thomas... Haya o no haya sdo tu responsabilidad aquel accidente, llevas la culpa dentro de ti... Tú sientes que debes veinte vidas que fueron arrebatadas de este mundo, y lo sé porque te oí en ese escenario, oí como la culpa que sientes se profundiza cada día...
 _ ¿Por qué querías saber todo ésto?
 _ Porque puedo ayudarte... Puedo ayudarte a superar ese día y a vencer la culpa.
 _ ¿Eres psicóloga? Porque si lo eres, nada de lo que me digas devolverá la vida de aquellas personas. Ninguna psicología haría regresar a Francis (refiriéndose a su cuñado)
 _ No soy psicóloga, Thomas, Escucha. Cada día mueren miles de personas por diferentes motivos, y tienes razón, No hay forma de devolverlos... -revolviendo su copa como si su propia frase le hubiera afectado- Pero hay formas de compensar las cosas...
 _ Dime una. Lo he intentado todo.
 _ Salvando vidas.
 _ ¿Te refieres a... ser doctor, bombero, o algo asi?
 _ No... -meneó la cabeza mirando hacia todos lados antes de meter la mano en su saco. De la nada, al igual que con el papel de la dirección de su casa, sacó una pequeña pero muy antigua libreta escrita a mano de su saco. Lo abrió ante la mirada curiosa de Thomas y ojeó las páginas como buscando una en particular-
 _ ¿Qué es eso?
 _ Toma -con cuidado arrancó una hoja del libro y se la extendió al jóven con una sonrisa anciosa-
 _ ¿Qué es esto? -leyó encabezando la hoja el título "El tercer ojo". Con rapidez ojeó el papel, distinguiendo algunas instrucciones y un extraño dibujo de un ojo -¿Brujería? -levantó la vista casi indignado por la propuesta, pero se detuvo al ver ahora una seria y preocupada expresión en su compañera, quien miraba fíjamente hacia afuera- ¿Elízabeth?
 _ D-debo irme -guardó rápidamente su libreta, besó en la mejilla a Thomas y salió con prisa por la puerta trasera del bar-
 La chica era extraña, pero esa actitud de repente lo alarmó ¿Qué había pasado con la muchacha de sonrisa alegre para que de repente haya huído tan... asustada?
 _ ¿Quién sería ese? -se preguntó en voz baja, pero al salir no logró verlo a través de las ventanas del bar-
Caminó con nerviosismo, casi corriendo hacia su departamento. ¿Qué había sido todo eso?
 _ Esa fué definitivamente la cita mas extraña que he tenido en mi vida -lavando su cara- necesito un café, y fuerte.
Encendió la cafetera, tomó la hoja de papel y se dispuso a leer.
 _ "El tercer ojo se conecta con las emociones negativas de quien lo posee, culpa y remordimiento, sobretodo" mmm... Ahora entiendo por qué me lo dió -se interrumpió- "Si los sentimientos son correctos, te permitirá ver aquello que no supiste preveer..." -pensó un momento- Que estupidez... Seguramente ella esperaba que intente hacer esto, vea que no pasa nada para poder decirme "si realmente hubiera sido tu culpa, el hechizo se habría activado", y suponer que gracias a eso yo pensaría que no fué mi culpa en realidad, buen intento. -estaba a punto de tirar la hoja a la basura, cuando lo pensó mejor -no pierdo nada por intentarlo de todos modos...
Thomas había sido siempre una persona curiosa. Trataba de usar la lógica para armarse de un pensamiento racional, pero no descartaba la existencia de nada y su fantasiosa mente lo llevaba a escenarios de fantasía, donde él era el héroe y salvaba el día, se inventaba un mundo donde él jamás podría tomar una desición incorrecta. Ahora imaginaría que aquel "hechizo" le daría superpoderes, y que tal habilidad conquistaría a Elízabeth.
 _ "Y vivieron felices por siempre..." -dijo sonriente cuando su fantasía hubo terminado y tomó nuevamente la hoja entre sus manos-
Sabía que nada pasaría, pero algo le decía que debería ser prudente.
 _ Un dibujo de cinco tramos, un hechizo de cinco oraciones, un tramo para cada frase. Dibuja en tu frente con el dedo índice y el dedo corazón el dibujo del ojo mientras recitas en voz alta el hechizo. Parece fácil. -siguiendo los pasos dió comienzo al hechizo- A ver...
 "Se apeó una víctima de la barca, aún siendo arrastrada por el río del purgatorio, (primer tramo del dibujo, el párpado superior del ojo en forma de media luna)
El tercer ojo ve lo que la víctima siente, (segundo tramo del ojo, el párpado inferior, formado por una media luna irregular en sentido opuesto al primero)
el victimario oye lo que la víctima recibe, (tercer tramo del ojo, del lagrimal derecho, una línea cruzada atravesando el ojo izquierdo hasta dejarlo sellado y terminar de leer con el ojo derecho)
Si he de salvar, permíteme ver, si he de resguardar, permíteme oír, si soy inocente, permíteme ignorar. (último tramo del ojo, del lagrimal izquierdo, una línea cruzada en dirección opuesta, ahora sellando el ojo derecho)"

  _ Ahora debería esperar unos segundos asi, con ambos ojos cerrados y esperar a que "actúe" el hechizo. Si mal no había entendido, si soy inocente no pasará nada... Definitivamente, el "plan" de Elízabeth seguramente era ese, el de decirme que nada pasó porque no fué mi culpa y... -se detuvo al notar un intenso dolor de cabeza, más precisamente en el centro del invisible dibujo que había trazado con sus dedos- ¿P-pero qué? ¡¡Ah!! -no podía abrir los ojos, era como tenerlos pegados con pegamento. Sólo podía sentir una punzada terrible en medio de la frente quemándolo, como si le estuvieran atravesando el cerebro con un cincel y un martillo- ¡¡Maldita sea!! ¿¿Qué mierda es esto? ¡Ah! -cayó de rodillas tratando de soportar el intenso dolor, estaba al borde del desmayo cuando el dolor, casi de golpe, hubo desaparecido- M-maldición... M-maldición, qué fué lo que me... -suavemente abrió sus ojos, un extraño resplandor lo cubrió de repente. "¿Dónde estoy?" pensó, al no poder emitir palabra alguna, sólo se vió sentado en un parque, leyendo un libro-


Notas : Este relato no me pertenece, esta escrito por Tomás Azcuenaga, que con todo el cariño, me ha dado permiso para publicar su excelente material en este humilde blog.
Pero, como todo material propio, esta protegido por derechos de autor, así que si quieres compartir este relato, puedes hacerlo desde el link de esta página, por favor, no copies y pegues el texto borrando el nombre de su Autor Original.
Natalia Valverde

viernes, 30 de mayo de 2014

Una historia Alterna- Navidad

Nota de la Autora: Esta es una historia alterna, digamoslo así, un mundo paralelo al de Colores en un Mundo Acromático, usando a de Alexis y Maximilian en otro entorno, con otra historia, demostrando así que las almas gemelas siempre se encuentran, no importa bajo que circunstancias.


24 de Diciembre... las personas normales estaban reunidas alrededor de una gran mesa, felicitando a los familiares, festejando la nochebuena, pero el no, el estaba acostado en un banco de Central Park, con la mirada perdida en el espacio y la nieve rozando sus mejillas, obviamente estaba drogado y la prueba de ello estaba en su amoratado brazo del que pendía un hilillo de sangre, por la fuerza con la que se había clavado la jeringuilla.....
Cerró los ojos, aquella droga siempre enfrascaba su cerebro en recuerdos felices, cuando era pequeño, y jugaba con su hermano, su madre, su padre... ¿que dirían ellos si le viesen así?... perdido y sin remedio, con la gente pasandole al lado y mirándole con desprecio, después de todo, él había pasado a ser escoria de la sociedad... uno más de lo tantos drogadictos sin cerebro... no sabían del talento del chico para escribir, para componer música y ejecutarla...¿ quizás alguien sabría lo que pasaba por su corazón?..
Entrar no había sido difícil  de hecho no había sido siquiera intencional, todo empieza con un "es solo una probada, anda" y termina con un pase solo de ida a un pozo sin fondo, en donde todo es oscuridad y mucha sed... sed de aquello que poco a poco te destruía...

Sentía su cuerpo liviano, y estaba vestido como cualquier joven de su edad, pantalones de mezclilla, bolcegos, una camiseta de mangas largas con el dibujo de un lobo aullandole a la luna, y en una de las mangas podía verse la mancha húmeda de sangre y un abrigo grueso grande encima.

Escuchó la sirena de los bomberos a lo lejos, seguramente a algún infeliz se le había prendido fuego el árbol.... suspiró... y estiró su mano, dejando que las lagrimas se deslizaran por sus mejillas... la nieve era tan blanca, su madre adoraba los adornos blancos del árbol de navidad, tenían un suave tornasolado y ella las ponía con mucho cuidado.... y ahora negro... todo se volvía negro, y le costaba mantener los ojos abiertos....

Maximilian suspiró mientras dejaba que la nieve refrescase su rostro luego de haber enfrentado las llamas de un pequeño bar en llamas, del cual tuvo que rescatar a un par de solitarios hombres, que habían ido a festejar la nochebuena con su amigo, el barman, el incendio fue controlado,claro, eran bomberos expertos y a pesar que el recien estaba en entrenamiento, no había dudado en internarse en el fuego para sacar a los señores....
Rechazó gentilmente el ofrecimiento del paramédico de llevarle en la parte de adelante de la ambulancia para que no tuviera que caminar, prefería hacerlo, algo le decía que era una hermosa noche para caminar, a pesar de estar lejos de su casa, su hogar, estar en un país extraño, en un lugar desconocido para él, en nochebuena... algo le dijo que caminase... por el parque.
La nieve empezaba a caer más espesa cuando pudo ver un bulto... corrió hasta la banca, para ver a un joven con rasgos medios asiáticos, y de un cabello de una bonita tonalidad castaña rojiza ... parecía un príncipe durmiendo profundamente, aunque con tristeza vio en el suelo una jeringuilla con un poco de sangre.. señal de que aquel chico, aquel bonito chico había caído en uno de los vicios más peligrosos y destructivos...
-... que has hecho..- murmuró suave, por impulso se inclinó y acarició su mejilla, el corazón del bombero era demasiado grande, demasiado dulce como para dejarle ahí, sin conocerlo, sin saber siquiera su nombre, le cargó con cuidado , llevándolo al hospital.

Alex despertó suavemente, estaba en la camilla del hospital y con un antojo terrible, no de alcohol, no de más droga... sino de fresas.. fresas con crema... o un yogurt de vainilla... o mejor aun un helado enorme de muchos sabores... no sabía por que, en medio de sus alucinaciones, una tenue calidez, que contrastaba con el frío del invierno, le envolvió, una calidez con olor a fresas y vainilla....
No supo quien había sido su salvador de morir congelado en el parque, y que gracias a él, le metieran en un programa de rehabilitación, no recordaba nada, salvo ese perfume a vainilla y fresas...y esa hermosa sonrisa... si , ahora lo recordaba bien... una sonrisa, unos ojos amables en un rostro ... era su angel de la guarda?... parecía, porque en aquellos minutos de conciencia, ese ángel le había hecho prometer que se dejaría ayudar.. que saldría adelante ... sonriénodole, todo lo que necesitaba Alex para seguir adelante era una sonrisa dulce y calida...

Pasaron los meses, llegó el verano, Alex había ingresado a la universidad, a la carrera de psicología, vivía en un bonito departamento que pagaba gracias al trabajo que había conseguido como guitarrista y compositor en una banda principiante y escribiendo algunos artículos para una revista y regresaba luego de unas vacaciones reparadoras en comidas nutritivas y cariño en la casa de sus padres.
Entonces paseando por el parque, aquel perfume que había marcado un antes y despues de su vida, que había sido la pequeña luz dentro del pozo y una cuerda jalándole al exterior, regresó, con toda su intensidad...
Siguiendo aquel aroma dió con uno de los típicos puestos de verano, de medio tiempo que los estudiantes trabajaban para tener un dinero extra para la universidad, encontrándose con un moreno, de sonrisa dulce , mirada limpia , inocente, luminosa ...
Se acercó despacio y el estomago le rugió un poco, por lo que esperó en la cola y cuando fue su turno, su mirada se cruzó con la del joven...
Fueron dos segundos de completo silencio entre ambos, luego el chico le preguntó con una sonrisa que deseaba llevar y sin dudarlo Alex pidió un helado de vainilla y fresa...la suave caricia que el chico le dejo en sus dedos cuando le dió la copa de helado no le dejó duda alguna, ese chico era su angel salvador... por lo que, en silencio se quedo comiendo su helado, sentado en una esquinita del puesto sobre una silla alta, hasta que el chico despachase al último cliente y le mirase, con esa fulgaz alegría sana, con esos ojos brillantes y esa bonita sonrisa se acercó.
-... estas bien?- le preguntó casi tímido, Alex sabía que trataba de buscar un poco de charla por lo que sonrió y asintió tendiendo su mano ...
-Soy Alexis...-
El chico le estrechó la mano mirandole a los ojos.
-Alexis mm?... mi nombre es ...-
-Maximilian- respondió Alexis antes de que el otro lo dijera - Se quien eres...-

Aquello fue el comienzo de una hermosa amistad, todo el verano y parte del otoño Alex iba día a día al puesto de helados, y charlaba con Maximilian, enterándose así de que aquel chico en realidad era bombero, pero hasta terminar el entrenamiento y pasar la prueba trabajaba medio tiempo en el puesto de la heladería... gracias a ese trabajo, su ropa y piel quedaba impregnada con un fuerte olor a vainilla y fresa , perfume que, en secreto hacía que Alex se derritiera por dentro.
El otoño dio paso al invierno, a que Max se convirtiera en todo un héroe más del departamento de Bomberos y que, en sus ratos libres, siguiese trabajando en la heladería, nada más por el placer de ver a las personas felices...
Llegó la nochebuena, y planeandolo con un mes de anticipación, ambos jóvenes se reunieron para cenar, solos ellos dos... hacía exactamente un año que se habían conocido o bueno Max había rescatado a Alex ... y aunque solo eran amigos, ambos sentían cosas demasiado grandes, fuertes e intensas por el otro.. cada abraso, cada caricia en la espalda, cada secreto confiado, cada deseo y cada temor eran atesorados en un baúl en el fondo de sus corazones.
Luego de la cena, entre risas, anécdotas y demás cosas, llegó el clásico abraso navideño, ese que se dan en familia, a las doce en punto con un brindis, pero, solo iluminados por las coloridas lucesitas del árbol de navidad , aquel abraso fue acompañado de un beso, el primer beso que ambos deseaban dar desde hace mucho tiempo, uno lleno del más cálido y puro sentimiento, que conmemoraba esas fechas... el amor...

-Gatito...- susurró Max sin dejar de abrasarle...
-¿Si mi lobo?-
-Te quiero... no... te amo.. te amo Alex... -
Alex sonrió, lo sabía, lo sentía, fue el amor de Max lo que le había salvado de aquel pozo oscuro y fulminante...
-Te amo Maximilian.... más que a nada en el mundo....-

Esa fue la primera de muchas navidades juntos, comprendían que eran dos almas, destinadas a estar juntas, que la vida, el destino, o algo les había guiado uno al otro, y los guiaría siempre que se separasen.. pero no deseaban hacerlo, se amaban demasiado como para pretender separarse nuevamente...







jueves, 29 de mayo de 2014

martes, 27 de mayo de 2014

Los Ojos que te Da el Corazón


Jack y Dan son pareja desde muy jóvenes, empezaron a salir cuando ambos tenían 15 años, con todo lo que ello conllevó, el despertar hormonal, el descubrir su preferencia sexual, el sentirse atraído y aceptar los sentimientos del otro . Eran una pareja común, salían al campo, al centro comercial, iban de excursión con sus amigos, y a las discotecas a bailar. Hacían planes juntos, pasaban días buenos y días malos, sentían inseguridades, discutían, se daban cuenta cuanto se amaban y necesitaban, se reconciliaban, evolucionaban como pareja día a día. Había algo de lo que Dan estaba orgulloso, y eran los ojos de Jack, de un verde intenso, y de expresión dulce y muy brillantes, pero lo que más amaba de su pareja, era como el mundo fascinaba a Jack a través de todo lo que veía. Jack es diabético, y por su problema de salud, perdió la visión total de sus ojos a los veinte años , algo que no estaba en los planes de ninguno de los dos y por supuesto Dan se sentía morir… ¿Cómo podía amarlo Jack si no podía verlo? , era un pensamiento que le abordaba cada noche desde que el mundo se apagase para Jack. Luego de un tiempo de este planteo, en donde Dan día a día entristecía más por la nueva condición de su amado, Jack podía sentir la tristeza de su amado y como buena pareja, como alguien que realmente ama a otra persona, insistió hasta que Dan confesó sus temores… Cuál fue su sorpresa al ver que su amado no vidente sonreía y le abrasaba, le acariciaba las mejillas de forma lenta, memorizando así cada facción de su rostro con sus dedos, sus nuevos ojos en aquel mundo extraño , mientras le besaba suavemente. -No puedo verte, es verdad…- murmuró contra sus labios de forma tierna, como siempre hablaba cuando consolaba a Dan – Pero he aprendido a amarte de una forma que jamás habría sospechado, no necesito ojos para sentir que te amo y también para sentir cuanto me amas Dan…-

La Silenciosa Melodía del Amor


… Nathe es un chico de diesinueve años, acaba de terminar la secundaria y quiere ingresar a la facultad de filosofía. Sus ojos son de un bonito color almendra y su cabello es rubio ceniza, mide un metro setenta y ocho de estatura, le gustan los animales, y ama a su perro Pepe. Nathan sin embargo no es como los demás chicos de su clase, ya que en su mundo el sonido no existe, y tampoco nadie ha escuchado nunca lo que podría haber sido su hermosa voz…Nathan es sordo y como nunca aprendió a vocalizar, también es mudo. Quizás para muchos y muchas, la ilusión y la imagen que se habían creado de Nathe se vino abajo en cuanto mencione su lado... no tan perfecto, su discapacidad, lo que lo diferencia del resto, sin embargo, para alguien, él es el ser más perfecto del mundo, y es, su pareja Sam. Sam no se fijó que Nathe no podía hablarle, ni tampoco oírle, sino en aquella maravillosa conexión que surge cuando el amor se hace presente, esas cosquillas en el estomago, esa sensación de flotar en el aire … Nada, ni siquiera la pérdida de un sentido podía hacer que Nathan dejase de ser perfecto para Sam, que irónicamente, es músico. ¿Que si Nathe y Sam no pasaron por momentos difíciles? Muchos, las inseguridades de Nathe al tener un entorno que no parecía comprenderlo ni apoyarlo, los momentos en los que la impaciencia le ganaban la partida a los nervios de Sam , los prejuicios, las constantes condenas de un sector cerrado de la sociedad, las limitaciones de Sam le impedían conseguir un trabajo decente para pagar sus estudios y el miedo constante de que los problemas terminasen por superar el amor que se tenían… había noches que parecían eternas, pero siempre sale el sol cuando hay amor.